Ayer también te vi


Nora Arrechea

Encuentros con el Arte.” Ayer también te vi”
5 de agosto de 2012.

Le Corbusier decía:- No hay escultores solos, pintores solos, arquitectos solos. El acontecimiento plástico se realiza en “FORMA UNA” al servicio de la poesía.-

Desde que vi el “site specific” de Inés Raiteri en Praxis, pienso en esas reflexiones del arquitecto y haciendo un juego de palabras se podría decir que- “Inés pintó poesía en la arquitectura.”-

Desde hace tiempo, en su quehacer artístico, Raiteri viene indagando teóricamente y escudriñando visualmente la relación entre las estructuras espaciales que nos rodean, esos lugares cotidianos, que pasan inadvertidos la mayoría de las veces.

Sus series Planos y sus pinturas Revisiones objetuales, preanunciaban esta nueva imagen desplegada sobre las paredes de la galería. Sus Construcciones espaciales, proyecto en el marco de la Beca Kuitka, la acercaron definitivamente a la tercera dimensión; ese choque creativo generó lo que hoy vemos en Praxis: el “site specific” Ayer también te vi. Esta obra que trepa por las paredes, acompaña el ritmo del trabajo cotidiano de los que están en la galería y captura la mirada de los que entran a ver la obra o los que caminan por Arenales es un dibujo mural, una especie de síntesis desplegada del espacio que lo alberga y surge como los pliegues de un origami que alguna vez fue la galería y, que imaginamos, volverá a serlo cuando el 25 de agosto, Inés, repliegue la figura y la guarde en su archivo de obras.

Máximo Jacoby

Ayer también te vi.

En la calle Malabia al 1300 del barrio de Palermo Viejo, entre las fachadas de las casas se divisa una extraña pieza arquitectónica por sobre los techos. Una balaustrada neoclásica delimita un gran balcón, cuyo piso ha desaparecido, mostrando solamente una vigas longevas coloreadas por el tiempo. Está solo y flota. Es un sobreviviente a las cada vez más frecuentes refacciones y demoliciones, que se ofrece como soporte de dos tanques de agua. Pero alguna vez fue otra cosa, participó de una estructura diferente a la actual, fue parte de relaciones formales y sirvió de plataforma de anécdotas. Hoy es un silencioso testigo de estos cambios y parte de la historia. En rigor de la verdad, es indiferente al ojo cotidiano: el apurado transeúnte no lo ve. Pero destinado al destierro, Inés Raiteri si lo vio. Se encontraron una mañana durante un recorrido urbano en los que afloran uno de sus grandes referentes: la arquitectura.

Dentro y fuera del foco, las arquitecturas -como el Balcón- se presentan silenciosa ante la artista. Su mirada funciona como un particular dispositivo óptico que le permite focalizar en lugares, objetos o formas. Las imágenes le susurran al ojo y vuelven borroso el entorno, alertado sobre algo. Esta colección privada de impresiones cotidianas, cargadas de historias insondables, son las capas geológicas de sentido tras las formas abstractas en la instalación pictórica Ayer también te vi. De los accidentes, edificios y lugares, Raiteri deconstruye y sintetiza en formas, ritmos y colores. En sus propias palabras “...no se trata de una copia fiel de una arquitectura sino de lo que alcanza para producir una alteración de la semejanza. Propone un distanciamiento entre lo que el ojo puede ver y lo que no se verá jamás...”

Las estructuras formales que toman el espacio de la galería Praxis, se independizan de su referente real para fundirse en la nueva espacialidad. Las paredes, esquinas, vidrios y tuberías dinamizan en diálogo con la pintura, desplegada cual novísima piel; el espacio de exhibición, acostumbrado a la distancia que impone el objeto (una pintura, una escultura), queda ahora al desnudo. Obliga al espectador a contemplar el entorno y formar parte inevitable de él. Mirar se vuelve una experiencia integral que implica los diferentes tiempos de desplazamiento, el punto de vista y la energía propia.

Al transitar la instalación, entre formas de colores y ritmos deudores de historias únicas que conforman capas de información superpuesta, el espectador toma prestado, cual cámara fotográfica, el aparato perceptivo de Raiteri con el que, a veces, ver lo que puede significa ver lo que desea.

Ana Martínez Quijano.

Raiteri conjuga sus abstracciones con la arquitectura de Praxis

Las pinturas de la marplatense Inés Raiteri invadieron desde hace unos días las salas

de la galería Praxis. Sus geometrías, la multiplicidad de sus rectas, sus ángulos y triángulos, se desplazan, rítmicos y veloces, por la blanca y extensa superficie de las paredes.

Las formas se despliegan como una guirnalda y establecen un llamativo contraste con la neutralidad cromática de todo el espacio. La obra está compuesta con apenas tres colores: un radiante rojo bermellón, la oscuridad de la tierra siena tostada y la dorada calidez de la arena. Pero tres colores bastan para iluminar todo el espacio, su presencia es llamativa: se recortan sobre la neutralidad de los muros y avanzan sobre la gran vidriera con el dinamismo de un acordeón.

El feliz encuentro de la obra con la arquitectura moderna de la galería no es un hecho casual. Se trata de un site specific, una obra creada especialmente para Praxis, para intervenir artísticamente los espacios conocidos desde hace años por el público porteño. Raiteri comenzó por analizar las formas clásicas del edificio reciclado en 1976, las deconstruyó («las desarmé», explica la artista) para luego citarlas. Así, la verticalidad de la arquitectura aparece «formateada», transformada por el efecto de la extensa pintura apaisada. En la obra, los cuadrilá- teros y rectángulos de las salas, reaparecen transformados en paralelogramos, mientras los ángulos rectos se han convertido en agudos puntos de quiebre y vibración, como el que marca la caída desde la barandilla del primer piso hasta la planta baja.

La pintura parece haber escapado de una caja de sorpresas para ocupar un lugar exacto en ese escenario. Si bien la artista no suele titular sus obras, la muestra de Praxis se llama «Ayer también te vi». Raiteri aclara que su aspiración es generar con sus imágenes un punto de inflexión, traer al presente y al espacio pictórico las experiencias, mayormente las que coinciden con la arquitectura. Con este fin apela proustianamente «a los sentidos, a nuestros tránsitos por los paisajes olores, amores, colores, formas, registros conscientes e inconscientes», capaces de suscitar sensaciones, evocaciones.

Frente a la ausencia de líneas curvas, las tensiones generadas por las severas líneas rectas y las diagonales, exaltan la redondez de los tubos de aire a la vista, y la de los pasamanos circulares de las escaleras. En medio de las líneas puras de la galería, las formas onduladas de bovedilla y el rigor de las columnas de hierro procedentes de la arquitectura original, configuran un edificio que coincide con el bello eclecticismo porteño que reina en la zona de Arenales y Talcahuano. Si la arquitectura es «música sólida», como decía Valery, si a pesar de su densidad, comparte las mismas consonancias, disonancias y ritmos, entre otras cualidades, este mural aspira a sensibilizar el ojo del espectador, para percibir la belleza del mundo a través del devenir de las formas. A la idea de una arquitectura pétrea se contraponen las pinturas de una serie de módulos cuyas va riaciones eslabonadas, son capaces de demostrar la infinita gama de posibilidades formales del universo geométrico.

La pintura mural de Raiteri es decididamente abstracta, ajena a todo relato que no sea el que propicia la lectura del espacio, y el concepto que se desarrolla a partir de la repetición, la variación y el intervalo.

Realizada en una escala de grandes dimensiones, el formato de la obra se torna eficaz para estimular la mirada, provocar cambios en la percepción y descubrir cuestiones ópticas que permanecían inadvertidas. Los colores y las formas acompañan con sus armonías cromáticas y estilísticas el desplazamiento del espectador, lo envuelven con las voces del discurso estético diseñado sobre las paredes. A pesar del afán ornamental y decorativo que inspira la obra, la exhibición abre un campo estético inesperado, sorprende con un acontecimiento grato a la mirada, cuyo influjo se extiende hasta la calle Arenales, hasta las baldosas donde reverbera el rojo bermellón.


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