OBRAS DE DOCE ARTISTAS DE DIFERENTES ESTILOS OCUPAN LAS SALAS DEL HISTÓRICO ESPACIO CULTURAL

Ambito Financiero.

Buena selección de arte contemporáneo en el Centro Recoleta
Por: Ana Martínez Quijano


El Centro Cultural Recoleta, enclave fundamental para la experimentación y exhibición del arte contemporáneo, le dio la bienvenida en estos días a un grupo de 12 artistas que ocuparon sus salas. El director del CCR Claudio Massetti, ofreció un desayuno y habló del arte y también de las permanentes y cuidadas restauraciones que demanda un edificio secular. La historia del CCR se remonta al año 1732, es una de las construcciones más antiguas que se conservan en Buenos Aires y motivo de inspiración para algunos artistas. En las primeras décadas del siglo XIX el edificio albergó a la Academia de Dibujo que llegó a tener 200 alumnos, fue Asilo de Mendigos, Hogar de Ancianos y recién en los años ochenta del pasado siglo, el arte regresó a sus claustros.

La arquitectura colonial, los arcos de las aberturas y los techos abovedados son elementos que, en una salita del CCR, replica la marplatense Inés Raiteri con su estilo inconfundible. Sus geometrías combinan rectas, ángulos y triángulos que se desplazan, rítmicos y veloces, por la superficie de las paredes. Las formas se pliegan y despliegan potentes, con incomparable energía. Los colores, el rojo, verde y azul, se recortan, nítidos sobre los muros blancos y acentúan el atractivo visual de esas bandas movedizas. Llama la atención la brevedad del espacio y el poderoso dinamismo de la obra.

No lejos de la sala de Inés Raiteri, Adriana Minoliti vuelve a recordar el pasado edilicio del CCR. Su instalación invita a imaginar una historia. La artista recrea un dormitorio colectivo del antiguo convento y presenta así la ambientación "Playpen". Habitada por su inagotable fantasía la sala depara placer al contemplador. Minoliti rompe con el formato del "cuadro" tradicional y utiliza muebles como soportes que realzan las imágenes y deslumbran al espectador. La artista cree en el poder de seducción retiniano de la pintura y con esta convicción, invoca la historia de la propia disciplina, pero le suma recursos del diseño y del cine a sus procedimientos digitales; pone a su servicio los efectos especiales, la estética del videojuego, la animación, la historieta, la publicidad y en casi todas sus obras se sirve del erotismo. Luego, trabaja con colores radiantes. La ambientación, curada por el artista y gestor Carlos Herrera, "adquiere una dimensión doméstica donde seres geométricos configuran una utopía intima. La serie de imágenes son collages digitales que toman referencias de diferentes fuentes e imaginarios: desde UPA Pictures o Hanna-Barbera hasta casas de muñecas y dioramas sacados de grupos específicos de Internet".

En el extenso pasillo suenan los martillazos. El sonido proviene de la videoinstalación de Ramiro Quesada Pons. La alianza de dos elementos diferentes: un tierno tomate rojo y un duro martillo que intenta aplastarlo sin dejar señal alguna, sorprende al espectador. La acción se desarrolla delante de un plano rojo, color que suma emoción a la insistente intensidad del golpe y la inesperada resistencia del tomate. En otra pantalla un pimiento muda su color rojo hacia el verde. Quesada Pons explora las estrategias de la publicidad y aclara: "Pienso mis videos como equívocos, avisos publicitarios a los que se les olvidó la marca que estaban intentando vender, imágenes donde el objetivo final se desvaneció...". Así el artista intenta poner en evidencia el modo en que los medios manipulan los sentidos.

Cruzando el Patio del Tilo, en las salas aledañas a Cronopios, donde prosigue la muestra temática de fotografías de Nora Lezano dedicada al rock, están las exhibiciones de Mónica Girón y Deborah Pruden.

Girón presenta en "Ejercicios con el modelo terrestre" una serie de obras referidas al planeta como hábitat del hombre. El montaje de la muestra configura un espacio semejante a un museo de ciencia, incluso, con porcentajes estadísticos reales sobre la naturaleza del territorio. Los curadores Valeria Balut y Santiago García Navarro destacan: "En diálogo con estas geografías imaginarias, Giron dibuja y pinta diagramas de cuerpos frágiles, animales, humanos, pos-humanos, multidimensionales". En las obras, la materia del mundo y la del hombre aparecen estrechamente ligadas, sensación que se acentúa con los objetos de las vitrinas y los planisferios de resina poliéster que imitan el barro, modelados por las habilidosas manos de Girón.

Enfrentando la sala y también el estilo, Deborah Pruden pone en juego la frescura del gesto. Desde lejos, las pinceladas largas y enérgicas de Pruden se reconocen sobre las telas con grandes espacios blancos. "Fondo blanco" se llamaba una muestra del año 2006. La serie de pinturas de gran formato está compuesta por obras de diversos años, algunas se remontan al 2004. Con el paso de los años la pintura tiende a volverse abstracta y la figuración se torna difusa, aunque perdura la libertad de una artista capaz de pintar bodegones en pleno siglo XXI.

El perfil dramático de las muestras seleccionadas por el nuevo comité curatorial (Adriana Lauría, Ana María Battistozzi, Renato Rita, Rodrigo Alonso, Carlos Herrera, Esteban Tedesco, Alejandro Corres, Magdalena Cordero, Elio Kapszuk) está presente el llamamiento ecologista de Federico Bacher y en "El carro de la memoria", de Jorge Caterbetti. Para recordar los 21 años del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina, Caterbetti puso las cajas con los expedientes de la causa y el material del proceso judicial. Un audiovisual muestra una marcha de 300 jóvenes empujando el carro desde el Hospital de Clínicas hasta las puertas de la AMIA.

Las exhibiciones continúan entretanto con la presencia de la rosarina Florencia Balestra en el Espacio Historieta. Por su parte, Isabel Peña llevó al CCR su taller casi completo. En este marco presentará performances, pinturas en proceso, mientras juega con el título de su obra: "Ahora debe estar ocurriendo lo mejor, pero me daré cuenta mas adelante".



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